"...el cuento no se ha acabado" Mario Benedetti

"...el cuento no se ha acabado" Mario Benedetti

Crónicas, cuentos, relatos, ensayos, artículos,
experiencias sistematizadas, poesía, fotografías, y canciones acerca de algunos procesos de animación sociocultural y educación popular de Catia, Caracas, Venezuela, Latinoamérica y el mundo...

viernes, 25 de mayo de 2012

Un regalo



Coño gordo estoy limpio. No tengo ni pa’ una guarapita. Otra vez tu cumpleaños me encontró con los bolsillos vacíos. Creo que en mi cartera se consolida, gobierno tras gobierno, el hábito de pelar bolas. Ah si, ya me vas a venir con aquello de que mi amistad es suficiente regalo. Nos joda gordo, no me vengas con vainas, tú para tomar curda celebras hasta por que se le haya quitado la lechina a algún vecino, o te auto-proclamas padrino de los perritos callejeros recién nacidos… El año pasado lo festejamos con un par de birras y una bolsa de plátanos fritos para los dos, porque tampoco teníamos reales, tuvimos que esperar la quincena siguiente para desquitarnos esa en el Choy Nang del centro comercial Propatria: lumpias, arroz frito con camarones y birras por montón. Pero esta vez no me alcanza ni pa’ una carterita de anís.

Me hubiese gustado que nos fuéramos por ahí con las muchachas. Tal vez pudimos celebrarlo en el Junquito. Compraría un kilo de cochino frito con sus morcillitas y después, a manera de torta, unos golfeados con queso de mano. ¿Que qué? ¿Exagero? ¡Debe ser que tu cumpleaños no se merece un buen agasajo! Hasta unas cachapas bien resueltas y una botella de brandy habría pedido… Si supieras hermano, como siempre me dices que experimente escribir versos porque según tú tengo “alma de poeta”, al pensar en tu día hasta lírico me he puesto. Como un regalo para ti, hoy he estado escribiendo un poema, se llama Códice del hombre errante. Estuve tentado a escribir otro que titularía Preguntas al bello durmiente, pero sé que te ibas a arrechar, y hoy no es día para que andes de mal ánimo. No creo que te lo entregue, gordo. De repente te lo leo más tarde, además no sé si está bien rimado y tú eres muy quisquilloso con eso. Mejor me invento otra cosa. Tiene que ser un regalo de esos que no precisan de envoltorios, ni tarjetas con el pavoso mensaje “Feliz cumpleaños” en letras góticas doradas. ¿Qué puede ser hermano? Si, ya sé que no me vas a responder, cada vez me cuesta más conversar contigo. ¡Ah! Listo, ya lo tengo, te voy a regalar un secreto.

Fue hace tres años. Empezaban las vacaciones escolares y quisimos que los chamos del Barrio conocieran el Ávila. Debes recordar que reunir la plata para cubrir los gastos supuso un esfuerzo enorme. Como a nueve o diez carajitos les daban permiso pero no dinero, y a otros les daban menos de la contribución que pedíamos. El tiempo pasaba y ya no sabíamos a quien pedirle prestado. Siempre te dije que en medio de la angustia inventé un conjuro para encontrar los reales. Esa fue mi evasiva para ocultarte la realidad. Nunca te dije de qué yerbas estaban hechas mis palabras ¡Ah bueno! ¿Ahora me vas a insultar? ¿Que cuáles yerbas un carajo muchacho pendejo? ¿Conseguí o no conseguí los reales? Fue una magia arrecha chamo. Bueno, gordo ¿Quieres que te cuente o no? Primero te quedas como mudo ahí acostadote, y ahora te pones grosero. No interrumpas entonces, que se me puede olvidar. Ahhh ¿te asustaste?.

Te lo pude haber dicho antes, por vainas mías quise ocultarte algo. Una vez me puse a analizar la amistad que tenemos, y sentí como si yo fuera el chorrito mal cerrado de casa e` Petoyo. Una vieja tubería que cada veinte segundos deja caer una gota en la ponchera que recibe el agua derramada. Todos los días igual, una gota, otra gota, y el recipiente cada vez más lleno... Detallar nuestra amistad era asomarme y ver - en el agua que ya estaba por desbordarse- algo parecido a mi existencia. Cada párrafo de mi memoria vertido ahí. Esa ponchera eres tú mi hermano. Conoces cada partícula de mis andanzas, el rizoma irreverente de mis sueños, y asimismo entiendes –como pocos- que cuando digo “mis sueños” no lo refiero cual si fuera una parcela de mi exclusiva propiedad, si no al valor de comulgar en un multiverso de infinitos y diversos quereres que me ayudaste a visualizar; conoces el peso temerario de mis malcriadeces, la proyección de mis temores más insospechados. Como eso de contarte mis inicios lascivos con mi segunda novia, y las torpezas y animalidad que uno se descubre en tales acontecimientos. Me aconsejabas que la acariciara mucho, que la besara sosegadamente y sin treguas .- háblale al oído con sutileza y hazla sentir segura, avanza poco a poco, no fuerces nada Leonel-. Y por ahí te ibas, en un discurso orientador con tono de catequista poético que incluía devaneos por la Vía láctea, contar y reconstruir una a una las escalinatas de Machu Picchu, y el goce de desnudar la luna con manos de alquimista obrero; y yo a veces no entendía tanta divagación esotérica, me perdía en la constelación de Orión, en eso de saltarán miles de trizas de placer al ver las estrellas de sus cuerpos en desbandada, si lo que yo quería eran unas pistas para hacer el amor bien bonito con mi novia…

Juntos escribimos nocturnas pintas “subversivas” en las paredes de Propatria, gordo admítelo, te arrechabas cuando te decía que la gente al leer tus pintas iba a pensar que nuestra lucha no era de clases si no antiestética. Picado respondías que yo escribía como una jeva, o me reclamabas que mi letra ese al final de las oraciones parecía un signo de interrogación que cambiaba el sentido de los textos… También fuiste cómplice de mi primera borrachera. Aquella noche cuando celebrábamos tu fuga del autobús de la recluta. Siempre decías.-el servicio militar es para los pendejos más pendejos.- y aquella noche llegaste al Barrio más vehemente que nunca, preguntándome a gritos.- ¿No te dije que el cuartel es para los pendejos?-. Traías una botella de ron sin destapar. Con refresco de cola y limón la consumimos, mientras me enteraba de los detalles de tu osadía, luego nos procuramos otra. El colofón de mi primera rasca, con apenas dieciséis años, tuvo un madrugador y nada peculiar ataque de nauseas, en el que sentí por primera vez el jugo de la bilis quemándome la garganta… Esas cosas, entre tantas otras, sólo tú las sabes. De la misma forma que tú me entregaste la llave del archivo histórico de tus peos y alegrías.

Bueno, pana, te decía –aunque tú lo sabes- que mientras más se acercaba el sábado más tensos nos poníamos, pues estábamos cortos de simones. Con veintisiete chamos preguntando a cada rato que si en el cerro hay monos, que si cuántas horas vamos a caminar, que si las culebras esto, que si el agua lo otro; y todas esas vainas que los chamos preguntan. Claro, ellos no sabían que nos faltaban mil quinientos bolos, y tampoco se lo íbamos a decir... Sabes que no hubo tal acto de magia, lo que nos salvó fue una travesura que ahora te voy a develar. Imagina que ya le quitamos el empaque a tu regalo, ahora viene lo de adentro. Dos días antes del paseo, es decir el jueves, a golpe de seis, seis y media, mi vieja -que es una jugadora clandestina de terminales de lotería- me pidió que le comprara: .-el 37 x 10 para Táchira mi’jo, mire que anoche soñé que estaba lavando unas sábanas blancas y si uno sueña con sábanas debe jugarse el siete seis, pero si son blancas es fijo que sale el tres siete-. Salí con el número anotado en un pedazo de papel de bolsa. Apenas bajé las escaleras le di inicio a la eterna maña que tengo de cambiar las cosas de sitio. Ese juego que hago sin querer, quedándome en silencio, riéndome solo y poniendo cara de loco según me dices tú. Empecé a mover los números para allá y para acá, a restarlos entre sí, a sumarlos, a imaginarlos en la camiseta de algún jugador de Guaiqueríes. 7 + 3: 10, 10 – 3: 7, 7 x 3: 21, 21- 7: 14… Las cifras que surgían del involuntario entretenimiento matemático formaron un espiral que se estiraba y se encogía en el torbellino de mi pensamiento. De tanto trasegar llevaba un enredo en la cabeza. Cuando salté la alcantarilla que está antes de llegar al kiosco de loterías, el papelito con el número anotado se me cayó por entre las ranuras y pasó a formar parte del vapor fétido que sale de ahí. Mientras hacía la colita para pedir el terminal trataba de recordar el número. En el movimiento final que hice en la mente apareció el 42, por un impulso de último instante decidí comprarlo y no regresarme a verificarlo con la vieja. Mi madre dedujo que yo guardaba el talón que entrega la vendedora de terminales y no me comentó nada...

El viernes, después que llegamos del trabajo, sacábamos otra vez las cuentas a ver si le quitábamos algo a la lista. Ya no hallábamos de donde escamotear más. Me decías: .-Si en vez de comprar jamón, compramos mortadela, nos podemos ahorrar doscientos bolos, y si en el metro pasamos el torniquete con tres chamos pegaditos, en vez de dos, nos ahorramos más o menos tanto….- Pero que va, las cuentas no daban. En eso estábamos cuando tu papá -que también regresaba de su trabajo- pasó en medio de las escaleras con su acostumbrado “Meridiano” debajo del brazo. Tal vez con la intención de refugiar mi angustia en alguna información deportiva le quité prestado el periódico a tu viejo, y así, de carambola, vi en diagonal a la cara de Omar Vizquel, el listado de los ganadores del sorteo de la lotería del Táchira, ahí estaba el mismísimo número 42 que ya ni me acordaba “haber jugado”. Un primer premio que vino a darle una patada por el fundillo a nuestra ansiedad. Me tapé la cara con el periódico, no fueras a ver en mis ojos la emoción. Para tratar de controlar la exaltación, ensayé una mutación silenciosa. Apreté las nalgas para no soltar la risa y te dije con voz engolada.-Tranquilo pana. Ya vengo, yo resuelvo eso-. Me fui a cobrar la lotería y en veintiún minutos estaba de regreso con los reales.

Así fue que conseguí el dinero que nos permitió hacer el paseo. Ya lo sabes, la gota que faltaba para terminar de llenar la ponchera es tu regalo. Está demás pedirte que no se lo digas a nadie. En nuestra hermandad ya no hay operaciones secretas, ni palabras ocultas. Nada más las del poema que te escribí en el camino antes de llegar hasta aquí, hasta el borde izquierdo de este callado jardín donde se encuentra el lecho de cemento en el que permaneces acostado desde hace seis meses, y en el que ahora leo esa placa en la que tu familia hizo escribir, a manera de epitafio, un fragmento de esa canción que repetías en el tormento de tus desvelos:
“Su sangre era un poema y abrazo su corazón...”
Ramón Linares *29-05-66 + 10-11-93
Q.E.P.D.

Es tu día gordo, buen día. Aquí te dejo mis primeros versos, escondiditos entre los claveles.

lunes, 21 de mayo de 2012

el espíritu de los mangos...


arlequín...
sonrisa
de
sol
aposentada
en
el
ramaje
más
alto
hasta prender el bullicio que mora en el espíritu de los mangos...

martes, 15 de mayo de 2012

travesuras de tierra al vuelo...



arlequín...
alma
de
adobe
humedecida
en
el
gorgorito
de
un
titirijí
para
que
las
mañanas
huelan
a
travesuras
de
tierra
al
vuelo...

miércoles, 25 de abril de 2012

plagio


Soy tan porfiado que escribo un poema ya escrito
repetidos versos que hablan de ayeres marchitos y de hombres insomnes
poco ocurrente
coloco frases que describen al viajero en su constante olvido de las primeras huellas
digo que las gaviotas agregan cada tarde a sus nidos las pasiones desechadas por los amantes en las playas
playas inundadas de besos, en mares ahogados de aceites y derrames petroleros...
Nada nuevo digo
y quiero volver a decirlo
a veces me veo en transeúntes incapaces de inventariar su amor
su amor cotidiano
y el amor disperso en las fechas rojas del almanaque...

lunes, 9 de abril de 2012

En la raya...



Hoy mi papá salió sin el taxi. Anoche escuché la conversa que tuvo con Chuíto en la platabanda y sabía que hoy no iba a trabajar. En esa discusión – bueno, la verdad es que uno nunca sabe cuando los grandes pelean o hablan de un “asunto urgente”, porque igual se gritan y no dejan que el otro opine. A eso mi papá le llama “conversa”.- Chuíto le decía que no había que pasarse de fanático, que no se tenían que exponer más de la cuenta, que para eso estaban los militares, y mi papá gritando más fuerte que después de haberse tomado unas cuantas cervezas con los otros viejos del callejón: .-¡Uh, ah! Chávez no se va… Y Chuíto otra vez: .-con fanatismo no vamos pa` ningún la`o compadre, este es un asunto serio. Yo no entendía nada, porque él, Chuíto Flores, es de los que se van pa`l estadio a cantar con la samba: ¡Eeee, La Guaira! En el Barrio dicen que ese sí es fanático de verdad, que desde chiquito -antes de venirse de Naiguatá- se guindaba a pelear con los caraquistas del pueblo, y Doña Concha, su mamá, asegura que persiguiéndolos por el malecón les gritaba “traidores, traidores”; porque ellos eran del litoral, y no de Caracas. No sé, pero algo me decía que anoche el vecino tenía razón.

Se fueron juntos. A todas esas caminatas Chuíto asiste con su gorra de Los Tiburones y un morralito en la espalda. Mi papá con boína roja y la bandera nacional. Esa vez también lo acompañaba la misma mirada de cuando mi mamá lo pilla en el remate de caballos. Pude distinguírsela al momento de despedirse de ella: .-Nos vemos mi negra. Acuérdate, ¡no pasarán! Ahí aproveché para pedirle la bendición, mientras leía esos brotes de nerviosismo en sus ojos de chino moreno. Él me respondió con las palabras que usa desde que oye las canciones del papá de Servando y Florentino: ¡Qué Dios te bendiga, pequeño compatriota! Yo nunca se lo voy a decir, pero si compatriotas son los que aparecen en la tele insultando a los demás, prefiero que no me llame así. Vestidos igualitos a él, los he visto en el canal 2, según dicen los periodistas, los acosan y amenazan nada más que por cumplir con su trabajo. Pero no le digo nada, además, ahora lo siento más querendón.


 Como a la hora de haberse ido mi viejo, -serían las once o un poco más- Lelo me invitó a su casa para enseñarme su nuevo juego de Nintendo. Eso fue lo que él dijo. Lo que hizo apenas me senté, fue lanzarme un control y sin explicarme nada, amenazó con ganarme todas las competencias. Éramos la potente escudería Torres, como llamaba Lelo a la suya, contra la inexperta pero arriesgada Aponte, como anunciaba a la mía. Al principio mi carro no arrancaba, pegaba contra las barandas, se iba de lado, hasta que empecé a agarrarle la caída. La primera carrera la perdí antes que anunciaran la partida, pero me sirvió para conocer mi máquina. En la segunda volví a tropezar en la salida, mientras Lelo, desbordado en carcajadas, narraba lo que sucedía. Para tratar de alcanzar a mi amistoso contrincante hundí el acelerador hasta que el tacómetro indicó 220 kilómetros por hora. Estábamos desquiciados en una carrera ruidosa por la pista de San Marino, más atrevidos que Schumacher en su coche rojo. Seguí acelerando. Ya estábamos casi ras con ras, así juntitos y al máximo de velocidad. Yo lo veía con el rabillo del ojo y sabía que estaba asustado porque se mordía la lengua, eso es lo que siempre hace para controlar el miedo, ya no se reía ni narraba nada. En cualquier descuido lo paso, pensaba. En eso aparece toda sonriente la mamá de Lelo: .- Ay muchachos, cuidado chocan, ¿pueden parar un momentito para ver cómo va la marcha? Y sin esperar respuesta desconectó el equipo. Sin bajar el volumen puso el canal de noticias. Eso que llaman adrenalina quedó como una sombra de nube diluida en el piso. Me pareció que le interesaba más la información de la gente reunida en una plaza que nombraban ¿moco con gracia? ¿pericocracia? Algo así era, que  las del canal ocho, donde apenas se detuvo tres o cuatro minutos. Se notaba que en el sitio donde estaba mi papá había menos gente. A esa hora eran como un grupo de bachacos. En cambio los de la plaza esa, eran como tres hormigueros, juntos y revueltos; y los periodistas decían que aún no estaban todos, que faltaba la mitad del país.

Lelo no quiso que siguiéramos la carrera. Prefirió continuar con juegos individuales de Mario Bros. No tuve ánimo para contradecirlo, si monto una conversa en casa ajena y mi mamá se entera no me dejan ir la próxima vez. Los “asuntos importantes” están reservados para los grandes. Me divierto igual con ese o con el otro juego, con tal de no estar encerrado en la casa. Julia, la vecina que limpia casas de ricos, entró agitada, contándole a la mamá de Lelo que reconoció en Televen a un tal Isaac Hoyer entre los marchantes, que lo pongan rapidito a ver si sale otra vez, que ese es un señor muy bueno porque le regaló una cuna usada cuando parió a Chabela, su hija. Además le había dado el día libre para que fuera para la marcha, sólo que ella no fue porque entre ese gentío él no se iba a dar cuenta, si fue o no…


Regresé a la casa. Ahí también estaban pegados al televisor. Mi hermano mayor dijo: Ay mamá, ¡se está calentando el ambiente! Era 11 de Abril y yo sentía el mismo clima desde la semana santa. Los adultos siempre exageran, hacen que se enteran de las cosas cuando están reunidos, para llamarse la atención entre ellos. Sin que se dieran cuenta pasé al cuarto que comparto con mi tío Julio, se hallaban como hipnotizados por el televisor. Me acosté a pensar qué estaría haciendo en la escuela si hubiera tenido clases. Quizás, como todos los días después del recreo, le pedía prestado el sacapuntas fucsia de corazón a Laurita, nada más para ver las pecas que se arremolinan en sus mejillas. Tal vez Laurita se negaba de nuevo, y tenía que regresar al pupitre a inventar otro truco. Empecé a bostezar, a buscar figuras en las grietas del techo. Distinguí un caballo al trote,  más allá una llave larga con cabeza de serpiente. Me quedé dormido con un puente tembloroso en los párpados. Las voces que venían desde la sala se metían en mi sueño, como una mano que ordenaba el curso de las imágenes. Yo respondía como pegándole a una pelota hacia cualquier lado. Disparatados, así son mis sueños.

-. ¿Qué broma es esta? ¡Mira! ¡Ahí van Ramón y Chuíto con la cara pintada de rojo! Rojo, si, ese es mi carro, como el de  Schumacher, y en lo que te descuides te voy a pasar Lelo…
-. Están gritando algo, escucha ¡traidores, traidores! sí, les gritan ¡traidores! A los caraquistas que viven en La Guaira, claro, yo haría lo mismo, a quién no traicionaría nunca es a Laurita, hasta le cantaría “quisiera ser un pez…”
- En esta toma se puede apreciar como los pistoleros, vestidos con franelas del M.V.R. les disparan a la marcha pacífica... ¡No, no, que va, a mi no me engañan ustedes, esos carajos se están defendiendo, a ellos también les disparan! En este barrio todos los viernes se oyen disparos, dígame el 31 a las doce de la noche…
- ¡Está sangrando, coño, está sangrando por la herida! Eso es lo que dicen los grandes cuando alguien tiene rencor, y Chuíto tiene razón porque los de Naiguatá se la quieren dar de caraqueños, ¿dónde nació Mario Bros, Lelo?…
- ¡Ese era Chuíto! ¡Pana lo mataron, estoy seguro, era él lo llevan cargado, coño lo mataron! Lo mataron en la raya, si señores en una acelerada suicida, el inexperto conductor de la escudería Aponte mató en la raya al siempre campeón de la potente escudería Torres…

 Desperté con hambre. Nada más escuchaba el televisor. Salí a la sala y lo vi encendido, por fin lo dejaban solo, pero encendido. En una mitad se veía una película de guerra, en la otra tenían una estampa borrosa del presidente. Se escuchaba distinto, como cuando el viento mueve la antena en la platabanda. Por eso lo dejaron solo. Voy a apagar esa vaina.  

miércoles, 28 de marzo de 2012

la memoria de los cielos...




arlequín...
en esta esquina te espero
aprovechemos que la luna duerme
para alborozar con volantines
la memoria de los cielos...

lunes, 19 de marzo de 2012

Una empanada de chorizo, por favor


En sus oídos, el crepitar de la masa a punto de reventar en el fondo del atestado caldero, le resultaba consustancial, casi, casi, como lo que sienten los cangrejos -al desplomarse las enormes olas- por las grutas que urden en el malecón de Borburata.
 
Criada entre anochecidos guisados de cazón y rumas de queso blanco rayado, aclimatada a los ardores que cada mañana -y a dos voces- le coreaban -en la espalda y en la cara- el sol y los aceites ardientes de la fritanga, Gloria decidió incorporarle aires de modernidad a lo que había sido –y es- una tradición familiar –y colectiva- acentada en El Palito: las ventas de empanadas. 
 
De pequeña –y aún en la pubertad- no distinguía la descortesía que de acuerdo al gusto de algunas personas protagoniza un envoltorio grasiento, pero ahora, que ya se tatuó las cejas y se pintó mechas de catira sin consultar a sus vecinas ni a su comadre, la discreción ha tomado forma en su conciencia y en sus actos, siendo ese precisamente el punto de partida para la renovación de la empresa.

Su previsión empezó a fulgurar cuando Mercedes, su admirada colega y comadre -y a quien, valga decir, le es incondicional-, pasó a visitarla para echarle los cuentos de una asamblea que estaba preparando junto a otros mercaderes, con el objeto de crear –ya que la moda del gran alboroto lo demandaba- la filial local de la Asociación Nacional de Vendedores de Empanadas a Orillas de Carretera (ANVEAOC). Justo en el momento en que Mercedes le decía que en dos semanas sería la reunión para elegir la junta directiva regional –y que por supuesto contaba con su voto, pues se había postulado para el cargo mayor-, Gloria le alcanzó una empanada de chorizo –que eran las favoritas de su comadre- y ésta le dijo “pero Gloria, chica, me voy a ensuciar toda con este aceitero loco, pásame unas servilletas rápido”. Gloria no entregaba servilletas, si no papeles recortados de las bolsas que dan en las panaderías. 
 
Rememorar aquel sonrojado instante le sirvió para detectar otras debilidades en su comercio. A partir de ahí cambió la presentación de sus productos, ideó combos, la promoción “lleve 3 y el fresco le sale gratis”, inventó las empanadas pelúas (carne desmechada con queso amarillo), las salchiqueso (salchichas guisadas con queso llanero), las light (jamón de pavo con alfalfa)… además mandó a colocar un paraguas enorme y colorido, 2 ventiladores, una mesita con mantel y sus respectivas sillas, y a su cuñado que cada día le ayudaba a cargar los peroles para armar el tarantín, le dijo que se quedara de vigilante (para ello le compró un uniforme negro y una cachucha con una estrella dorada). Suponía, por aquello de la “inseguridad reinante”, que una venta con vigilante privado le garantizaría mayor clientela. Lo cierto es que no vendía mucho más –ni mucho menos- que los otros negocios, pero se sentía feliz, se consideraba una eficaz gerente.

Mientras tanto, y al impulso del alboroto político que sacudía al país, donde cada día se decretaban estructuras y se anunciaban nuevas dependencias; su comadre y colega, desarrollaba un gran liderazgo en el naciente gremio ANVEOC. Tal fue la proyección que Mercedes labró en su provincia, y tal el crecimiento de aquella organización –que vociferaba haber estado comprometida desde siempre con el impulso del gran alboroto-, que no tardaron mucho en pactar con la alta dirigencia, la investidura más relevante en la Secretaria Nacional de Asuntos del Hambre, lógicamente, para Mercedes. 
 
Ya instalada en su despacho, ubicado en el piso más alto de un céntrico edificio de la capital, Mercedes llamó a su comadre para indicarle que debía dejar su puesto en El Palito, y asumir el mando de una agencia de considerable presupuesto y competencia estratégica a lo interno de su Secretaría: la Red Oficial de Rellenos para Empanadas y Arepas de la Nación. 
 
Gloria sabía de empanadas, el punto exacto de la masa, cómo reutilizar el aceite más tiempo sin que oliera o supiera rancio, cómo envolverlas para que no escurrieran grasa, dar los buenos días con una sonrisa natural; pero aquello de pensar en cómo rellenar unas arepas le parecía peliagudo. Se angustió cuando supo que en Los Andes las hacen de trigo, al enterarse de la existencia de las llamadas arepas peladas, se fatigó. Entonces para darse valor se dijo: “comadre es comadre, y teniendo a Meche cerca, se lo pregunto todo a ella, y ta’ listo, y si me apuran mucho, pego cuatro gritos, me hago la brava y ya está”.

Lo primero que hizo fue identificar a los murmuradores de cada oficina, seguidamente les prestó sus oídos para enterarse de lo que es, y de lo que no es, también. Luego, con su afinado pulso político, coincidió con los que hablaban más bajito, aquellos que detestaban los alborotos (sean auténticos o ficticios), y rodeada con ejemplares de estos dos grupos, armó su equipo, y dejó que ellos definieran su estrategia de trabajo.

Realmente a Gloria tampoco le gustaba el alboroto, sumisa como es, jamás se atrevió a lanzar tan siquiera un gritico de lejos para que el alboroto se oyera aunque fuera hasta a mitad de la cuadra donde vivía, pero ni pensar en eso, ahora que suma cuatro meses en el puesto y tímidamente se ha adjudicado dos carros propios, empieza a darse cuenta, que el alboroto, después de todo, no aturde tanto.

Lo que sí le aturde es no saber qué carrizo decir en la inauguración de un establecimiento de arepitas de chicharrón, que le pregunten por las proyecciones a mediano o largo plazo de su Red. A veces, Gloria quisiera huir, gritarle al mundo que es cierto que le tiene pánico a los micrófonos, a las entrevistas, a las impertinentes preguntas que le formula su personal acerca de la elaboración de los bollos pelones; pero el gusto por los aeropuertos hizo que le tomara fobia a los cornetazos de la perenne cola de carros en El Palito. No puede cambiar ahora la delicia de unos abultados viáticos por unas simples empanadas de camarones, además, es muy placentero eso de sentirse más jefa que cuando sólo mandaba a su cuñado: “Oficial, destápeme un litro de aceite. Oficial, sacúdame esas moscas”.

Dicen que a Mercedes y a Gloria las han visto en la Secretaria Nacional de Nuestras Costumbres, que también dirigen la Oficina Provincial de los Saberes Patrios, que en el Ayuntamiento de San Isidro Labrador se hacen llamar Manuel y Alexis, y que el cuñado de Gloria ahora es el jefe de formación de la Policía Territorial.

Hay quienes afirman que el alboroto se está silenciando, otros aseveran que este alboroto está hecho de orden y quietud. Hay los que sostienen que el verdadero alboroto se cuece con sonoridades decorosas. En las esquinas del centro se escuchan voces que aseguran que algunos simulan gritar para que el alboroto se mantenga, pero que en realidad sólo mueven los labios y sacuden los brazos, cual si pidieran desesperadamente –en medio de la multitud- una empanada de chorizo, por favor.

sábado, 3 de marzo de 2012

El viento de Centenario



¿Cómo no cautivarse de una sonrisa que trenza malabares en complicidad con los árboles y las árbolas? ¿Cómo no detenerse ante un escenario pródigo en ramas y piruetas cuando hermanada a un retazo de tela rasguea versos al cielo de los mangos?... En esos andares se hizo amiga de las pandorgas y de las calandrias. Cuando sus pies descalzos pisan tierra, hace suya la defensa de las gatas que trepan las noches de su Centenario, y asume la custodia de los perros, sean errabundos o domésticos.

¿Cómo no querer vivir en el violeta ungido en su rostro para las escenas de la murga y el teatro, ser el azul y el amarillo de las casitas de su mural, ser el sol mayor oculto en su guitarra?

Hablo de Silvana Nichela, mujer argentina, que además escribe cuentos…

EL VIENTO DE CENTENARIO

El espíritu del viento no es uno solo. Son varios: cada uno con su carácter distinto.

Más o menos, para Septiembre, se reúnen en Centenario, que es su lugar de descanso, y durante tres meses conviven juntos, hasta que deciden que ya tienen fuerza suficiente como para empezar a viajar otra vez.

La primera en llegar es Aera: es muy tímida y suavecita. Casi ni se nota. Uno se da cuenta que llegó porque se ven pelusitas en el aire, de los panaderos y los álamos… y es que este es su gran pasatiempo: hacer remolinos y jugar con ellas.

Después aparece Ciclón, que se especializa en hacer cantar árboles. Ha logrado formar un gran coro de álamos. Sus ensayos se pueden escuchar en la noche: después de muchas discusiones decidieron que éste es el mejor horario, porque no hay ruidos que molesten. Y por eso, de día, se duermen parados.

Trombo es más bien malhumorado: sopla caliente y levanta tierra por donde pasa (si te hace picar las piernas ¡mejor!). Es él quien pone de mal humor a la gente con sus modales groseros. No hay que hacerle mucho caso, porque si no terminas peleando con alguien.

A Ventolera le gustan las películas del oeste y juega con los cardos rusos atravesándose con ellos en la ruta.

A Nevo todos lo quieren porque es fresquito, y encima a veces viene con lluvia de regalo.

Así va pasando el tiempo y empiezan a irse de a uno, hasta que el último rezagado levanta vuelo  a mitad del verano, y Centenario queda tranquilo otra vez, con alguna que otra brisa pasajera.

Pero… ¿viento? ¡Viento no!... Para eso habrá que esperar hasta la próxima primavera.


                                            Silvana Nichela



domingo, 26 de febrero de 2012

Breve reseña del 27 de febrero y su contexto histórico-social

“El  gocho pa’l 88” fue una de las consignas electorales que los adecos pusieron a circular para –en lenguaje coloquial- referirse y publicitar al andino Carlos Pérez, como el candidato ideal para las votaciones que se realizarían –como en efecto se realizaron- en Venezuela en diciembre de 1988…
Finalizaba el mandato del presidente Jaime Lusinchi, y en plena campaña electoral su gobierno adeco se inventó una canallada para tratar de levantar la alicaída popularidad que tenía. El 29 de octubre de ese año, en el caño “La Colorada” cercano a la población de El Amparo, en el estado Apure, 16 pescadores fueron sorprendidos por el llamado “Comando Específico José Antonio Páez” (CEJAP), quienes realizaban un operativo militar. Los efectivos policiales y militares que conformaban el CEJAP efectuaron numerosos disparos dándole muerte a 14 de dichos pescadores. Este hecho fue presentado al pueblo venezolano y a la comunidad internacional como un enfrentamiento entre fuerzas guerrilleras y agentes de seguridad del gobierno venezolano. Para ello, tomaron los cadáveres de los campesinos masacrados y les colocaron trajes militares, posteriormente les sacaron fotografías con armas de guerra, para simular una confrontación. El sector más contestatario de nuestro pueblo siempre ha identificado este suceso como la “masacre del Amparo”.   
  
La historia de este país está definida por la explotación y la violencia, una violencia sistemática, permanente, que asegura a través de variados mecanismos, la continuación de una historia de hambre y miseria, en la que una clase minoritaria y poderosa disfruta los privilegios que se derivan de usufructuar el trabajo de las grandes mayorías. Con la colonización y conquista iniciada en 1492 por el imperio español sobre la historia y cultura de los hombres y mujeres que habitaban estas tierras, se establecen las bases de la sociedad capitalista que aún nos domina.

En el cierre de la campaña electoral de Carlos Pérez en 1988, realizada en la avenidad Baralt de Caracas, el cantante José Luis Rodríguez lo acompañó, y levantó aquellas manos que se agitaban en al aire como un desorbitado limpia parabrisas…

El arte comprometido en labores de crónica, aportando pistas como herramienta de análisis de la historia actual

En esa historia, desde sus intereses de clase –y como parte de un proceso dialéctico- el pueblo ha dado respuestas políticas, haciendo uso de su infinita creatividad. En sus luchas de resistencia el movimiento popular ha empleado estrategias, métodos, tácticas, maneras de organizarse y de gritar su rebeldía e inconformidad. Recuerdo aquella consigna que durante una época, una organización revolucionaria pintó en las paredes de las zonas populares y de la U.C.V. “Ante la violencia de los ricos, violencia de los pobres”, una pinta que identificaba al enemigo de clase, y que guarda relación con aquello que Alí Primera dice en el tema Con el martillo dando “…Cuando hay conciencia de clases, un largo trecho se está ganando”. 

El arte y las distintas manifestaciones de la cultura popular han sido un instrumento válido en esa lucha, una herramienta para el análisis de sucesos históricos, de formación, de denuncia, de comunicación e información. Los tambores cimarroneros de José Leonardo Chirino en la sierra de Curimagua, las muñecas de Zobeyda Jiménez en su loca ternura por el país, los trazos con que César Rengifo plasmó el sufrimiento de los marginados, expresan el ingenio rebelde con que nuestro pueblo se ha manifestado históricamente contra la injusticia. Así mismo, el teatro, las danzas, la música o la literatura, en las que tenemos una poesía cantada y escrita de mil maneras.
Mi amigo Rafael Carmona fue un tipo de una sensibilidad extraordinaria, capaz de demostrarla en acciones de compromiso revolucionario a favor de su pueblo, y de expresarla en versos, como estos que escribió luego de reflexionar sobre los continuos asesinatos de revolucionarios venezolanos, líderes estudiantiles, dirigentes campesinos y obreros durante los gobiernos de Luis Herrera (1979-1984), Jaime Lusinchi (1984-1989) y Carlos Pérez (1989-1993).

Cuando el tiempo borre las huellas de las botas asesinas,
 el hombre clamará venganza,
cuando la lluvia bañe sus tumbas,
será el llanto del hombre que quiere rescatarlos,
cuando el viento azote nuestros cuerpos,
 será su grito libertario que nos llama,
cuando el ave surque los cielos,
será el potro de la alegría en que ellos cabalguen,
cuando florezca la tierra, será su inmenso pensamiento que lo abona, porque nunca cayeron, sólo tuvieron sus cuerpos reposo,
 y llegará el día, que como en las lindas fábulas vendrán los príncipes dorados con sus armaduras de conocimiento,
con sus escudos de amor, con sus fusiles de esperanzas,
 y cultivarán el suelo que un día cubrió sus cuerpos
y libertarán al hombre que una vez creyó en sus ideas. (Carmona: 1994:25)

Un signo constante de aquella –nuestra- época (finales de los ochenta - principios de los noventa) fue el enfrentamiento a las políticas anti populares de los gobiernos de turno. El descontento que por muchos años se acumuló como un volcán silente en el pecho de nuestro pueblo, estalló violentamente en 1989.  Apenas inició su segundo gobierno, Carlos Pérez anunció un conjunto de medidas económicas dictadas por el Fondo Monetario Internacional, que fueron conocidas popularmente como el “paquete económico”. Las medidas en cuestión atentaban contra los intereses de la clase popular, el paquete anunciado, entre otros aspectos contemplaba:

“…acudir al Fondo Monetario Internacional y someterse a un programa bajo supervisión de ese organismo con el fin de obtener aproximadamente US $ 4.500.000.000 en los 3 años siguientes; liberación de las tasas de interés activas y pasivas en todo el sistema financiero hasta un tope temporal fijado en alrededor del 30%; unificación cambiaria con la eliminación de la tasa preferencial, determinación de la tasa de cambio en el mercado libre de divisas y realización de transacciones con el exterior a la nueva tasa flotante; liberación de los precios de todos los productos a excepción de 18 renglones de la cesta básica; incremento gradual de las tarifas de servicio público como teléfono, agua, electricidad y gas doméstico y sinceración general de precios de las empresas públicas; aumento anual en el mercado nacional durante 3 años de los precios de productos derivados del petróleo, con un primer aumento promedio del 100 % en el precio de la gasolina; aumento inicial de las tarifas del transporte público en un 30 %...” (http://www.historiahoy.com/caracazo8/htm. [Consulta: 2009, septiembre 3]

 Estas medidas, sin ninguna duda, iban en detrimento de las condiciones de vida de la mayoría de los habitantes de este país. El pueblo afectado protagonizó un inusitado levantamiento… La génesis de la insurrección estuvo en la ciudad mirandina de Guarenas, en esa localidad los transportistas que cubrían la ruta Guarenas – Caracas, no aceptaron el aumento gradual de los precios anunciados por el gobierno, y decidieron subir la tarifa del transporte público en un 100% desde el propio 27 de febrero. En protesta por el aumento los usuarios secuestraron y quemaron unidades de transporte, saquearon comercios y se enfrentaron a la policía. Estas protestas se extendieron a Caracas,  ciudad donde la revuelta alcanzó su mayor desarrollo.

En la tarde-noche de ese 27 de febrero, nosotros (Rafael Carmona y yo), junto a Luis Roberto Rodríguez  (Niño) y otros amigos del movimiento popular, con los que articulábamos en función de algunas acciones de índole sociocultural, tratamos de coordinar la protesta en una de las principales arterias viales de nuestra zona: la avenida El Cuartel (sitio de confluencia entre Lomas de Urdaneta, El Amparo y Propatria), lugar histórico de las luchas de Catia. En el punto conocido como “La Clueca”, frente al Bloque 1 de la Urbanización Continente, incendiamos cauchos y colocamos barricadas (armadas con contenedores de basura, jergones de camas viejas y con cuantos trastes encontramos). A esa hora (6:30 a 7:00 p.m.), aunque existía mucho movimiento de gente en las calles, en ese sector aún no se habían iniciado los saqueos de abastecimientos. La intención nuestra era, como otras veces, animar la protesta, darle cierta coherencia político-organizativa. Con el acondicionamiento que le hicimos a la calle, pretendíamos estar preparados para la ineludible confrontación contra las fuerzas policiales, que aún no aparecían por aquellos lados. Aunque ya presentíamos una dimensión mayor tanto en el descontento como en la movilización popular, rápidamente supimos que esa protesta no requería que la animaran, ya que la manifestación que protagonizamos el 27 y 28 de febrero de 1989, fue una enorme expresión de insatisfacción, en la que también se percibía la sublimidad de una ancestral alegría recorriendo las calles.

Los saqueos de establecimientos comerciales se multiplicaron, las santamarías derribadas constituían un repetido monumento contra el poder del capitalismo. La protesta continuó toda la noche del 27 y se prolongó al 28. En aquellos lugares donde llegaba la policía el riesgo de sumarse a la expropiación de artículos era autenticado por un aluvión de balas, los llamados ”agentes del orden y la seguridad” se vieron desbordados por la avalancha de un bravo pueblo que parecía no temer a los disparos. Hacía la tarde del 28 el gobierno suspendió las garantías constitucionales y decretó el toque de queda, seguidamente un gran contingente de tropas militares se desplazó hacia los sectores populares generando una violentísima represión contra la población indefensa, ocasionando miles de muertos. El general Italo Delvalle Alliegro, ministro de la defensa del gobierno de Carlos Pérez dio la orden de masacrar al pueblo.

Meses después, Rosana Zerpa, Alba Pettits y yo, como parte del equipo que apoyaba las actividades de la Cátedra Pío Tamayo de la Universidad Central de Venezuela, llegamos al cementerio General del sur con la finalidad de indagar acerca del lugar donde fueron enterradas esas personas. Creo que no llevábamos muchas expectativas de encontrar información, igual lo intentamos. Por las calles del camposanto fuimos preguntándoles a obreros, jardineros, porteros, transeúntes. Nadie sabía, o no querían hablar del tema. Sentado al borde de una tumba, aún sudoroso por un trabajo a medio terminar, vimos a un sepulturero de unos 52 años. Como habíamos hecho con las otras personas le preguntamos con cautela, si había trabajado en el cementerio en el mes de marzo de aquel año, desde su improvisado asiento respondió afirmativamente. Luego de contextualizar los hechos le preguntamos si conocía el paradero de los muertos del 27-F. Sin levantarse todavía nos miró uno a uno, con lentitud. Más que desconfianza, su mirada albergaba un halo de duda, al acercarse inquirió sobre el motivo de nuestro interés. Le explicamos que participábamos en un equipo de la U.C.V. que investigaba asuntos de la violencia político-social del país. Enseguida sus ojos se tornaron tristes y llorosos, nos dijo “los tiraron como semillas, los trajeron en camiones” “a mí también me mataron un sobrino que nunca apareció”. Subimos al Malibú que Rosana conducía y el señor nos guió hasta aquel trágico monumento del dolor, que es el sector “La Peste”, a ese lugar donde aparentemente aún no había ido ninguna institución. Ver lo que vimos, e imaginar las escenas con lo que el señor nos narraba, nos dejó turbados. Se notaban claramente los promontorios de las fosas comunes, capas sobre capas, bolsas plásticas donde algunos cuerpos fueron llevados, restos humanos, en un territorio inmenso que daba la dimensión de la masacre. Muy pocas veces he dicho esto, pero sí, al parecer fuimos los primeros desde el punto de vista investigativo-institucional en dar con ese sitio. Luego los profesores Agustín Blanco y Mery Sananes compartieron la información con Enrique Ochoa Antich y la naciente organización COFAVIC (Comité de Familiares de las Victimas). Seguidamente se dio un despliegue informativo denunciando el carácter criminal del gobierno y se  organizaron las vigilias en custodio de aquellas evidencias. Muchas personas de diferentes factores políticos, organizaciones comunitarias, estudiantiles y de derechos humanos participamos de aquellas guardias nocturnas, para que algún día tantos sueños sepultados pudieran germinar en justicia y libertad.
   
Ese momento histórico fue cronicado por mi canto. Si hubo un acontecimiento social que alentó mis –arritmicas- ganas de cantar fue el 27 de febrero. En un panfletario tema que es una especie de son callejero combinado con aire oriental canté:
    
¡No masacradores!
Llegaron los criminales por las calles y avenidas
matando gente en los barrios, dejando al pueblo sin vida (bis).
La alternativa gloriosa la dio el general
defiendan la democracia, disparen a matar (bis).
Y no se quedará el pueblo para siempre masacrado
y no se quedará el pueblo con sus muertos olvidados
haremos un nuevo tiempo, con crepúsculos y flores
donde crecerá la vida, no masacradores…

El 27 de febrero aporta dos aspectos significativos que marcan nuestra historia política contemporánea, el inicio de la ruptura del modelo político impuesto en Venezuela por la burguesía y el imperio estadounidense, luego de la dictadura de Marcos Pérez, y la ascensión protagónica en el ambiente político del pueblo explotado y excluido durante cuatro décadas. Cuarenta años de afrentas, de injusticias maquilladas con el discurso de la democracia, de continuidad de una historia de muerte iniciada con la barbarie española de 1492, cuarenta años de corrupción, de funcionamiento capitalista sostenido en la renta petrolera…   “pero llegará el día pueblo mío en que se unan tus hijos para lavar tu frente, que si estás indefenso no será para siempre…”  Alí Primera.

lunes, 20 de febrero de 2012

Décimas de la canción necesaria



Otilio Galíndez

Un rumor de yerbabuenas
en mi pueblo ha florecido
como el más hermoso nido
de esperanzas y cayenas
como lluvia de colmenas
en su pecho cimarrón
aromando la canción
que el horizonte espera
es la voz de Alí Primera
arrullando el corazón
               II
Con turpiales de la sierra
cardenales y chuchubes
vuela el canto que sube
como ríos de la tierra
si una sombra lo aterra
se dibuja en su cantar
la vieja fuerza del mar
de este pueblo caribeño
que oprimido tiene un sueño
y lo quiere liberar
                III
Y esa luna de arcilla
que Otilio Galíndez canta
con el pueblo en su garganta
de la aurora es la semilla
tiene el alma sencilla
y alegría en el querer
aunque cada amanecer
le desnuda en la memoria
huellas de la triste historia
que nos toca padecer
               IV
La canción está encendida
en los labios de la gente
solidaria y consecuente
en la lucha por la vida
mariposa decidida
con un verso enamorado
palpitando en cualquier lado
desde el pueblo y su mirada
como limpia llamarada
del sol que nos han quitado.