¿Cómo no cautivarse de una sonrisa
que trenza malabares en complicidad con los árboles y las árbolas? ¿Cómo no
detenerse ante un escenario pródigo en ramas y piruetas cuando hermanada a un retazo de
tela rasguea versos al cielo de los mangos?... En esos andares se hizo amiga de las
pandorgas y de las calandrias. Cuando sus pies descalzos pisan tierra, hace
suya la defensa de las gatas que trepan las noches de su Centenario, y asume la
custodia de los perros, sean errabundos o domésticos.
¿Cómo no querer vivir en el violeta ungido
en su rostro para las escenas de la murga y el teatro, ser el azul y el amarillo de las
casitas de su mural, ser el sol mayor oculto en su guitarra?
Hablo de Silvana Nichela, mujer argentina,
que además escribe cuentos…
EL VIENTO DE CENTENARIO
El espíritu del
viento no es uno solo. Son varios: cada uno con su carácter distinto.
Más o menos,
para Septiembre, se reúnen en Centenario, que es su lugar de descanso, y
durante tres meses conviven juntos, hasta que deciden que ya tienen fuerza
suficiente como para empezar a viajar otra vez.
La primera en
llegar es Aera: es muy tímida y suavecita. Casi ni se nota. Uno se da cuenta
que llegó porque se ven pelusitas en el aire, de los panaderos y los álamos… y
es que este es su gran pasatiempo: hacer remolinos y jugar con ellas.
Después aparece
Ciclón, que se especializa en hacer cantar árboles. Ha logrado formar un gran
coro de álamos. Sus ensayos se pueden escuchar en la noche: después de muchas
discusiones decidieron que éste es el mejor horario, porque no hay ruidos que
molesten. Y por eso, de día, se duermen parados.
Trombo es más
bien malhumorado: sopla caliente y levanta tierra por donde pasa (si te hace
picar las piernas ¡mejor!). Es él quien pone de mal humor a la gente con sus
modales groseros. No hay que hacerle mucho caso, porque si no terminas peleando
con alguien.
A Ventolera le
gustan las películas del oeste y juega con los cardos rusos atravesándose con
ellos en la ruta.
A Nevo todos lo
quieren porque es fresquito, y encima a veces viene con lluvia de regalo.
Así va pasando
el tiempo y empiezan a irse de a uno, hasta que el último rezagado levanta
vuelo a mitad del verano, y Centenario
queda tranquilo otra vez, con alguna que otra brisa pasajera.
Silvana Nichela


Qué alegría me da, Luis Alberto, leerte. Y encontrar aquí en ese cuento que no ha acabado, ni colorín ni colorado. Y encontrar a Silvana silbar el viento y todos sus caracteres. Me ha gustado mucho. Abrazos para ambos.
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